Ultimas Noticias

Colisión convierte un atraco en un rompecabezas donde nadie parece ser quien dice

Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.com

Hay películas que te piden paciencia, atención y cierto compromiso emocional, y luego están esas que se sientan contigo en el sofá, te ponen una cerveza imaginaria en la mano y te dicen: “Mira, no le des demasiadas vueltas, que vamos a pasarlo bien”. Colisión, la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo para Netflix, pertenece claramente al segundo grupo. Es un thriller de atracos construido como una sucesión de engaños, traiciones, cambios de perspectiva y revelaciones que durante buena parte de su metraje consigue exactamente lo que se propone: mantenerte mirando la pantalla para descubrir cuál será la siguiente pieza del puzle.

El problema aparece cuando terminas de verla y empiezas a reconstruir mentalmente todo lo que ha ocurrido. Ahí es donde algunas piezas dejan de encajar con la misma facilidad y donde se nota que la película ha confiado demasiado en la capacidad del montaje para esconder información. No estamos ante un mal thriller, ni mucho menos, pero sí ante uno que funciona mejor mientras avanza que cuando te paras a pensar en cómo ha construido algunas de sus sorpresas.

Colisión empieza como un atraco y enseguida decide complicarlo todo

YouTube Video

La película comienza con una premisa bastante familiar. Un grupo entra en un banco de Madrid con un plan cuidadosamente preparado, aparentemente diseñado para que todo salga limpio y rápido. Naturalmente, las cosas no tardan en torcerse. Un accidente de tráfico altera por completo la situación y convierte lo que parecía un robo relativamente controlado en una investigación mucho más complicada, especialmente porque algunas de las personas encargadas de averiguar qué ha ocurrido tienen bastante más relación con el caso de la que deberían.

Ese accidente es la mejor idea de Colisión, porque no funciona únicamente como detonante de la trama, sino también como eje narrativo alrededor del cual se reorganiza toda la película. Daniel Sánchez Arévalo y Ramón Campos regresan varias veces a los mismos hechos, cambian el punto de vista, esconden información y reconstruyen lo sucedido desde perspectivas diferentes. El espectador está constantemente obligado a revisar aquello que creía haber entendido, y durante buena parte de la película ese juego resulta bastante entretenido.

Es también aquí donde resulta inevitable acordarse de Basic, el thriller dirigido por John McTiernan en 2003. No porque ambas películas sean iguales, sino porque comparten un mecanismo parecido: unos acontecimientos confusos son reconstruidos a través de testimonios parciales, y cada nueva versión cambia la percepción que tenemos sobre lo ocurrido.

La diferencia es que en Basic ese engaño está mucho mejor integrado en la propia lógica del relato.

Basic juega mejor con las versiones porque su punto de vista justifica el engaño

En Basic, el personaje interpretado por John Travolta llega para investigar unos hechos que, en teoría, desconoce por completo. Dos supervivientes ofrecen versiones diferentes de lo sucedido y, a medida que avanza la investigación, sus relatos van modificando identidades, responsabilidades y relaciones entre los personajes. La clave está en que el espectador recibe prácticamente la misma información que el investigador, por lo que cada nueva versión puede desmontar la anterior sin que la película parezca traicionar necesariamente algo que hubiera establecido antes como una realidad objetiva.

El juego puede ser tramposo, incluso muy tramposo, pero tiene una coartada narrativa bastante sólida: estamos viendo aquello que alguien está contando. Si cambia el relato, cambia también lo que vemos. El engaño forma parte de la propia estructura de la investigación.

Colisión intenta hacer algo similar, pero aquí el mecanismo resulta más problemático. La historia también se reconstruye a partir de personajes que han sobrevivido a los acontecimientos, pero esas versiones se cruzan con personajes que la película ya nos ha presentado previamente como piezas fundamentales y reconocibles de la trama. Cuando llegan determinadas revelaciones, no siempre sentimos que estemos descubriendo una nueva interpretación de los hechos, sino que a veces parece que la película está reajustando retroactivamente algo que ya nos había mostrado como realidad.

Ese matiz es importante porque afecta directamente a la fuerza de los giros. Un buen giro no consiste simplemente en ocultarte algo, sino en enseñarte una información de manera que después puedas reinterpretarla. Basic suele jugar mejor con esa idea. Colisión, en cambio, recurre en varias ocasiones a una ocultación que parece diseñada principalmente para preservar la sorpresa.

Daniel Sánchez Arévalo cambia de registro y se nota que quiere divertirse

Colisión lleva a Daniel Sánchez Arévalo a su terreno más retorcido en Netflix

Una de las cosas más interesantes de Colisión es ver a Daniel Sánchez Arévalo moviéndose en un terreno bastante distinto al que normalmente asociamos con su cine. El director de AzulOscuroCasiNegro, Primos o Diecisiete siempre ha tenido una sensibilidad especial para observar a personajes imperfectos, relaciones familiares y emociones aparentemente pequeñas, pero aquí se mete de lleno en un thriller criminal donde la prioridad está en mantener la maquinaria funcionando.

Y se nota que está disfrutando del cambio. Hay persecuciones, traiciones, policías, atracadores, secretos, accidentes y suficientes dobles intenciones como para que prácticamente nadie pueda presentarse durante demasiado tiempo como exactamente lo que parece. La película quiere ser un entretenimiento de género puro, con ritmo, intriga y un constante movimiento de piezas.

El problema está precisamente en lo que Sánchez Arévalo deja atrás durante ese cambio de registro. Sus mejores películas suelen conseguir que conozcamos a los personajes incluso cuando apenas hacen nada extraordinario. Aquí ocurre casi lo contrario: pasan muchas cosas, pero resulta bastante más difícil sentir que conocemos realmente a quienes las están protagonizando.

Un reparto estupendo al servicio de personajes demasiado funcionales

Si algo tiene Colisión es un reparto que cualquier director español querría tener delante de la cámara. Laia Costa, Karra Elejalde, Luis Zahera, Tamar Novas, Álvaro Cervantes y Lluís Homar forman un conjunto con suficiente talento y presencia para levantar prácticamente cualquier escena, y hay momentos en los que la película vive directamente de ver cómo estos actores se miden entre ellos.

Karra Elejalde aporta esa mezcla de autoridad, cansancio y desconfianza que le sale con una facilidad insultante, mientras que Luis Zahera vuelve a demostrar esa capacidad para entrar en una escena y conseguir que automáticamente quieras saber qué está pensando su personaje. Laia Costa y Tamar Novas cargan con buena parte del componente emocional, mientras Álvaro Cervantes y Lluís Homar completan una red de personajes donde casi todos esconden algo.

El inconveniente es que el guion los trata demasiadas veces como piezas de un mecanismo. Sabemos qué necesitan para que funcione el siguiente giro, pero no siempre quiénes son cuando dejamos de mirar la trama. La película intenta proporcionar motivaciones personales y utiliza el contexto de la crisis económica para explicar determinadas decisiones, pero ese trasfondo acaba funcionando más como escenario que como verdadera herida emocional.

Y ahí es donde se nota especialmente la distancia respecto al cine habitual de Sánchez Arévalo. Hay personajes interesantes, sí, pero muchas veces están al servicio del puzzle y no al revés.

Los giros mantienen el interés, pero también desgastan la película

Colisión lleva a Daniel Sánchez Arévalo a su terreno más retorcido en Netflix

Aquí está el gran dilema de Colisión. Funciona porque constantemente está cambiando nuestras expectativas, pero llega un momento en que empiezas a sospechar de absolutamente todo. Y cuando una película te acostumbra a que cualquier escena puede reinterpretarse cinco minutos después, cada nueva revelación pierde un poco de fuerza.

Al principio resulta divertido. Ves una situación, crees entender qué está ocurriendo y poco después aparece una nueva perspectiva que modifica su significado. El problema llega cuando el guion comienza a depender tanto de ese mecanismo que los giros dejan de sentirse como una consecuencia natural de la historia y empiezan a funcionar como combustible necesario para mantenerla avanzando.

Es ese tipo de thriller en el que terminas pensando: “Vale, esto parece importante, pero probablemente dentro de diez minutos me explicarán que no era exactamente así”. La incertidumbre mantiene la atención, aunque también reduce progresivamente el impacto de cada sorpresa.

Y ahí vuelve a aparecer la comparación con Basic. La película de McTiernan también juega continuamente con la identidad y con versiones contradictorias, pero el propio dispositivo narrativo justifica mejor que aquello que vemos pueda cambiar. En Colisión, algunos cambios se sienten más arbitrarios porque la película ha mezclado la narración subjetiva con escenas que aparentemente nos había presentado desde una posición mucho más objetiva.

Eso no arruina la experiencia, pero sí hace que el mecanismo se vea más de la cuenta.

El accidente es la verdadera estrella de Colisión

Curiosamente, el personaje más importante de la película no es ninguno de los protagonistas, sino el propio accidente que da título y estructura a la historia. Sánchez Arévalo vuelve sobre ese momento desde diferentes perspectivas y lo utiliza como punto de conexión entre personajes que aparentemente estaban siguiendo caminos distintos.

La decisión permite que el montaje juegue con el tiempo y la información sin convertir la película en un rompecabezas imposible de seguir. No estamos ante una narrativa especialmente experimental, pero sí ante una construcción suficientemente dinámica como para mantener cierta sensación de descubrimiento.

Además, el ritmo ayuda mucho. Colisión rara vez se queda quieta. Incluso cuando el guion se detiene para explicar motivaciones o establecer relaciones, siempre existe la sensación de que alguien está ocultando algo o de que una nueva pieza está a punto de modificar la partida.

La música de Federico Jusid y Lorenzo Perelmuter también contribuye a mantener esa tensión, proporcionando energía incluso cuando la puesta en escena visual resulta algo más convencional. Técnicamente la película cumple perfectamente, aunque cuesta encontrar imágenes que permanezcan en la memoria una vez terminado el visionado.

Una película muy fácil de ver y bastante fácil de olvidar

Colisión lleva a Daniel Sánchez Arévalo a su terreno más retorcido en Netflix
Colisión lleva a Daniel Sánchez Arévalo a su terreno más retorcido en Netflix

Quizá ahí esté la mejor manera de explicar Colisión. Mientras dura, funciona. Te mantiene atento, tiene un reparto excelente, cambia de perspectiva con bastante habilidad y sabe cuándo introducir una nueva complicación para evitar que la historia pierda velocidad. Si la pones una noche sin esperar una obra maestra del thriller español, probablemente lo pasarás bastante bien.

Pero también es una de esas películas que empiezan a desaparecer de tu cabeza relativamente rápido después de los créditos. Le falta una capa más de humanidad, alguna relación verdaderamente memorable o un conflicto emocional que consiga sobrevivir cuando ya conocemos todos los secretos.

Daniel Sánchez Arévalo demuestra que puede manejar un thriller mucho más comercial y mecánico sin demasiados problemas, aunque resulta curioso que aquello que normalmente distingue su cine —la cercanía con sus personajes— sea precisamente lo que más echo de menos aquí.

¿Merece la pena ver Colisión en Netflix?

Sí, especialmente si te gustan los thrillers de atracos donde nadie parece completamente fiable y disfrutas intentando descubrir el truco antes de que la película te lo enseñe. No esperes un nuevo clásico del género ni una historia criminal especialmente profunda, porque Colisión está mucho más interesada en mantener el movimiento, la tensión y la sensación de incertidumbre que en construir un drama capaz de quedarse contigo durante mucho tiempo.

Tiene suficientes giros para mantenerte atento, un reparto español estupendo y una estructura que sabe dosificar la información con bastante habilidad, aunque a veces fuerce demasiado algunas revelaciones. Daniel Sánchez Arévalo demuestra que puede moverse con soltura dentro de un thriller comercial y mucho más mecánico de lo habitual en su filmografía, aunque también deja la sensación de que sus personajes podrían haber dado bastante más de sí.

Como entretenimiento de una noche funciona, engancha y consigue que quieras descubrir qué ha ocurrido realmente, aunque después no todas sus piezas aguanten igual de bien cuando empiezas a repasarlas con calma.

Colisión está disponible en Netflix desde el 30 de octubre de 2026. Si quieres seguir descubriendo nuestras críticas, recomendaciones y novedades de cine y series, puedes seguirnos en Google discover.

Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com

Latest Posts

spot_imgspot_img

No te lo pierdas

Stay in touch

To be updated with all the latest news, offers and special announcements.