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Llegamos al tomo final de esta recopilación ómnibus de las historias relativas a los xenomorfos publicadas en su día bajo el sello de la editorial americana Dark Horse, con ejemplares con fecha de salida en la segunda década del Siglo XXI. Panini Cómics cierra un ciclo que cabalga en ocasiones como reflejo de los videojuegos de la época.
Buscando en el reflejo
Como cualquier cómic que se precie, basado en una saga cinematográfica, Aliens también buscó en el séptimo arte acercarse a esa narrativa, perdiendo un poco de vista el comic más clásico de los ochenta o la exacerbada representación de la exageración noventera. Tanto como adaptación del cine como basándose en una mecánica de videojuego, ganó mucho en los comics reunidos en ente volumen, incluso cuando hablamos de series aquí contenidas que tienen una perspectiva más de autor.
Nos alejamos de la sobriedad del trazo para acercarnos al espectáculo de luces y sombras, para temer no solo a los alienígenas de doble mandíbula, sino a los miembros corporativos de la empresa Weyland-Yutani en su obsesión por hacerse con material genético que utilizar para su industria armamentística.
Porque desde el inicio de esta franquicia, los xenomorfos solo fueron una parte de la representación del horror espacial, una amenaza vista desde la lejanía de algunas colonias humanas que fracasaron a la hora de terraformar planetas lejanos. Es la corporación Weyland-Yutani la que amplía el riesgo de traer un elemento mortal a lugares más poblados, incluso al propio planeta Tierra, en una absoluta falta de moral respecto a la supervivencia del espíritu humano, siempre con la confianza plena de los que estando en la cima del poder y la riqueza desconocen por completo la realidad que tienen ante sus propias narices. Este cuarto volumen es un vivo ejemplo de que Weyland-Yutani es el verdadero peligro de la saga.
La historia de Zula

A lo largo de las páginas llegaremos a la obra más longeva que Dark Horse publicó sobre un mismo personaje creado de forma original en un cómic de Alien, Zula Hendricks. Lo hizo repartiéndola en tres series diferentes, alcanzando la veintena de números, una primera de doce episodios y dos más cortas de cuatro cada una.
El guionista de todo ese arco es Brian Wood, que contó con multitud de artistas para ilustrar aquellas aventuras, desde Tristan Jones a Kieran McKeown, pasando por Riccardo Burchielli, Tony Bresciani, Stephen Thompson, Eduardo Francisco o Robert Carey, nombres que sonaran a muy pocos pero que llevan a cabo una labor más que respetable. A lo largo del segundo tramo de la crónica se unirá a Zula un personaje al que conocimos mejor en el videojuego Alien Isolation, Amanda Ripley, sí, la hija de Ellen Ripley.
Aliens Defiance, Aliens Resistance y Aliens Rescue son los títulos bajo los que se desarrolla toda esta trama, siendo la segunda la que actúa como secuela vertebradora de la primera junto con el videojuego. Ambas protagonistas elevan el tono de su desobediencia hacia la corporación, sobre todo viendo que la actitud de Weyland-Yutani es proclive a sacrificar colonias enteras para satisfacer sus deseos de obtener un arma biológica imbatible. La lucha por lo tanto no es solo contra los alienígenas, sino contra comandos corporativos sin moral ninguna, presas de la compensación económica.
El entorno personal
En este gran tomo también queda hueco para algunas propuestas de autor como Órbita Muerta, de James Stokoe. Consigue con su trazo granulado ofrecer una sensación de claustrofobia extrema ofreciendo también una buena dosis de sangre y vísceras. Una de las mejores obras sobre el universo Aliens que se han publicado a lo largo de la historia. También destaca la narración de Gabriel Hardman, Polvo al polvo, con la evacuación desesperada de una madre y su hijo preadolescente de una colonia infestada de xenomorfos. Su trazo sucio y oscuro nos deja una sensación constante de estar bajo un peligro mortal, transmitiendo terror a cada paso de la huida.
El tomo queda rematado con dos adaptaciones de guiones originales para las películas de la saga que finalmente no se llevaron a cabo, el primero de ellos el de Dan O’Bannon, que finalmente sería Alien, el octavo pasajero, tras diversos cambios. El segundo el guión escrito por William Gibson para Alien 3, que no se adaptó a la gran pantalla. Mostraba cambios muy significativos respecto a lo que vimos en los cines, pues el Cabo Hicks tenía un papel mucho más relevante que comenzar muerto en su cápsula.
Un tomo enorme, más de mil páginas, que se completa con algunas historias cortas de autores como Liam Sharp o Sam Kieth, cómics relacionados con los videojuegos Isolation y Colonial Marines o con diversas portadas, páginas originales, sketches y artículos introductorios de otras ediciones.
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