Todo el sabor de las frutillas y una textura bien cremosa y aireada están presentes en este postre, que se puede preparar sin problemas en versiones con o sin azúcares añadidos y con más o menos grasas, de acuerdo con el gusto y la necesidad.
A diferencia de otras recetas de mousse que logran su cremosidad con batidos de huevos, leche condensada, crema de leche o gelatina, aquí la magia está en un ingrediente liviano y accesible: la leche en polvo. Es una opción para disfrutar todos los días, nutritiva y fresca.

Mousse de frutillas liviana
Las claves de esta receta son las frutas congeladas y el agua helada. Lo demás, es batir o procesar.
Ingredientes
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2 tazas de frutillas lavadas y congeladas
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1/2 taza de leche en polvo (entera o descremada)
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1/4 taza de agua helada
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Edulcorante o azúcar a gusto
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Unas gotas de jugo de limón
Preparación paso a paso
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Colocar en el vaso de la licuadora o procesadora las frutillas congeladas junto con la leche en polvo, el chorrito de agua helada, el jugo de limón y el endulzante elegido.
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Procesar a velocidad máxima dando pequeñas pausas para acomodar la fruta si es necesario.
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En pocos minutos, la leche en polvo junto con la fruta congelada montará una crema aireada, firme y muy suave.
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Servir inmediatamente en copas o vasos individuales. Podés decorar con frutillas frescas fileteadas arriba.
El truco para adaptarla con otras frutas de temporada
Esta misma fórmula de emulsión mágica con leche en polvo funciona a la perfección con cualquier fruta que puedas congelar previamente en cubos o trozos pequeños. Podés probar esta mousse helada con duraznos o damascos pelados, arándanos, mangas/mangos o bananas bien maduras. La única regla de oro es que la fruta esté bien congelada al momento de licuar para que, al chocar con la leche en polvo y el agua helada, monte esa crema sostenida, fresca y libre de materia grasa.




