Ultimas Noticias

Crítica de Coyote vs. Acme: los Looney Tunes vuelven al cine con una comedia tan absurda como inteligente

Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.com

Hay películas que parecen condenadas a convertirse en una nota al pie de la historia de Hollywood antes incluso de que podamos verlas, y Coyote vs. Acme estuvo peligrosamente cerca de ser una de ellas. Después de todo lo que pasó alrededor de su cancelación, su conversión en posible pérdida fiscal y su posterior rescate para llegar finalmente a los cines, resulta casi inevitable sentarse a verla preguntándose si todo ese ruido estaba justificado. Después de verla, mi sensación es bastante clara: sí, merecía salir del cajón, porque Dave Green ha conseguido algo que parecía mucho más difícil de lo que su premisa podría sugerir, que es hacer una película de Looney Tunes muy consciente de su propia historia sin convertirse en un ejercicio nostálgico vacío.

La idea de partida ya es estupenda porque toma literalmente una broma que lleva décadas delante de nosotros: ¿qué pasaría si el Coyote decidiera demandar a Acme después de años comprando productos defectuosos que explotan, se rompen o terminan dejándolo estampado contra una pared? A partir de ahí, la película construye una comedia judicial donde humanos y dibujos animados conviven con absoluta normalidad, algo que inevitablemente recuerda a ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, aunque Coyote vs. Acme tiene suficiente personalidad como para no depender únicamente de aquella comparación.

Y lo mejor es que no se conforma con la idea ingeniosa. La película entiende que los Looney Tunes funcionan cuando el absurdo tiene reglas propias, cuando un misil puede detenerse en mitad del aire durante el segundo necesario para mirar al personaje antes de explotar y cuando una persecución puede convertirse en una pieza de ingeniería cómica tan compleja como cualquier gran secuencia de acción.

El Coyote funciona mejor que nunca porque por fin vemos su historia desde el otro lado

Wile E. Coyote lleva décadas intentando capturar al Correcaminos y perdiendo siempre de la forma más humillante posible, así que convertirlo en la víctima de una gran corporación podría haber sido un chiste demasiado evidente. Sin embargo, la película consigue que esa transformación funcione sorprendentemente bien, porque nunca intenta borrar aquello que conocemos del personaje ni convertirlo de repente en una criatura adorable e inocente.

El Coyote sigue siendo obsesivo, testarudo y absolutamente incapaz de abandonar una misión incluso cuando todo demuestra que debería hacerlo. Lo que cambia es nuestra perspectiva sobre esas derrotas. Después de tantos cohetes defectuosos, catapultas mal calibradas y dispositivos imposibles, resulta bastante divertido pensar que quizá el verdadero enemigo no era únicamente el Correcaminos, sino la empresa que llevaba años vendiéndole productos que parecían diseñados para explotar exactamente en el peor momento.

La película juega muy bien con esa idea porque Acme deja de ser simplemente el logotipo que aparecía en cada caja para convertirse en una corporación gigantesca, con abogados, científicos, relaciones públicas y suficiente poder como para que demandarla parezca una locura desde el principio.

Ese planteamiento permite que Coyote vs. Acme hable de monopolios, responsabilidad empresarial y sistemas construidos para proteger a quienes tienen más recursos, pero sin olvidarse nunca de que estamos viendo una película donde uno de los protagonistas puede sobrevivir después de que le caiga un yunque encima.

Will Forte entiende perfectamente cuál es su papel dentro de este caos

john cena coyote vs acme

Will Forte interpreta a Kevin Avery, el abogado encargado de representar al Coyote, y creo que una de las decisiones más acertadas de la película está en no intentar que compita constantemente con los personajes animados. Su función es precisamente la contraria: servir como ese ser humano relativamente normal que intenta mantener la compostura mientras todo lo que ocurre alrededor responde a una lógica completamente diferente.

Forte tiene el punto exacto de torpeza, resignación y humanidad que necesita la película, porque nunca parece estar interpretando para una pantalla verde, aunque sepamos perfectamente que buena parte de sus compañeros de reparto no estaban físicamente delante de él. La relación que construye con Wile E. funciona mejor de lo esperado, especialmente porque el Coyote continúa siendo prácticamente silencioso y toda la comunicación depende de expresiones, gestos y una animación que transmite muchísimo sin necesidad de explicar cada emoción.

Lana Condor también aporta una energía muy agradable como la sobrina y asistente de Kevin, mientras que John Cena abraza completamente la oportunidad de interpretar a Buddy Crane, el abogado de Acme y antiguo compañero de Kevin. Cena ya ha demostrado muchas veces que puede ser tremendamente divertido cuando utiliza su presencia física de tipo imponente para hacer justo lo contrario de lo que esperamos, y aquí vuelve a funcionar porque su personaje parece convencido de que pertenece a una película mucho más seria que todos los demás.

Eso crea un contraste constante entre Kevin, que intenta sobrevivir al caso, y Buddy, que convierte cada aparición en una demostración exagerada de seguridad, poder corporativo y ego.

Los Looney Tunes siguen funcionando porque la película no los trata como reliquias

Uno de los mayores riesgos estaba en convertir cada aparición de un personaje clásico en un momento diseñado para que el público aplaudiera únicamente porque reconoce a Bugs Bunny, el Pato Lucas, Piolín, el Demonio de Tasmania o Elmer Fudd. Afortunadamente, la película entiende que los Looney Tunes necesitan hacer cosas, no simplemente aparecer.

Los cameos y secundarios animados forman parte del mundo y suelen tener una función cómica concreta dentro de la historia, algo que evita que el conjunto se convierta en una sucesión de referencias. Hay bromas para quienes conocen perfectamente la historia de Warner Bros. y otras que funcionan, aunque alguien no sepa absolutamente nada de los animadores, directores y guionistas originales a los que homenajean algunos nombres.

El bufete Avery, Jones & Maltese, por ejemplo, es una referencia para quien quiera reconocerla, pero la escena funciona igualmente si no sabes que esos apellidos remiten a figuras históricas fundamentales de los Looney Tunes.

Ese equilibrio es importante porque la película no parece obsesionada con demostrar cuánto sabe sobre la franquicia. La utiliza con cariño, pero también con la suficiente libertad como para seguir haciendo chistes nuevos, algo que a muchas recuperaciones de propiedades clásicas les cuesta muchísimo.

Cuando Coyote vs. Acme se dedica al slapstick es donde más brilla

🐺 Coyote vs. Acme parecía condenada a convertirse en una película que nadie podría ver.

La mejor parte de la película aparece cada vez que se olvida durante unos minutos de la conspiración corporativa y deja que el Coyote vuelva a hacer aquello para lo que nació: diseñar un plan innecesariamente complicado que, por supuesto, termina volviéndose contra él.

Las secuencias de persecución con el Correcaminos funcionan especialmente bien porque conservan la precisión casi matemática de los cortometrajes clásicos. No basta con que algo explote; primero hay que construir la expectativa, introducir una pequeña variación y dejar que el desastre llegue exactamente medio segundo después de cuando pensábamos que iba a ocurrir.

Ese ritmo cómico está muy bien entendido por Dave Green. Los zapatos cohete, los imanes, los misiles y los demás inventos de Acme no aparecen únicamente para provocar nostalgia, sino que se integran en secuencias nuevas que respetan la lógica absurda de los dibujos originales.

También hay muchísimos chistes visuales pequeños que podrían pasar desapercibidos si uno no está atento, y precisamente ahí encontré algunas de las cosas que más me hicieron gracia. La película tiene esa virtud tan propia de los Looney Tunes de colocar un gag en segundo plano mientras otro está ocurriendo delante, de manera que siempre parece haber algo más esperando dentro del encuadre.

La sátira corporativa funciona mejor porque la película sabe reírse de sí misma

Hay algo inevitablemente divertido en que una película sobre una gigantesca empresa que intenta aplastar legalmente a un personaje terminara siendo apartada durante años por una gigantesca compañía antes de conseguir salir adelante. No hace falta que Coyote vs. Acme subraye demasiado esa ironía porque la propia existencia de la película convierte su argumento en algo casi surrealista.

Acme aparece como una corporación capaz de vender cualquier producto, controlar buena parte del sistema y utilizar a sus abogados para evitar responsabilidades, mientras el protagonista debe demostrar que décadas de accidentes quizá no fueron únicamente culpa de su incapacidad para leer las instrucciones.

La sátira nunca llega a ponerse por encima de la comedia, y creo que eso juega a su favor. La película podría haberse convertido fácilmente en una declaración demasiado consciente de su propia importancia, pero prefiere utilizar esas ideas como combustible para los chistes y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones.

También ayuda que la historia original proceda de una pieza satírica publicada en The New Yorker, porque se nota que la premisa siempre tuvo algo más detrás que simplemente imaginar al Coyote sentado delante de un juez.

El problema aparece cuando la trama intenta ser más importante que los chistes

Coyote vs ACME

La película me ha gustado mucho, pero hay una parte en la que se nota que sus aproximadamente cien minutos podrían haberse ajustado un poco más. Los Looney Tunes nacieron en formatos muy breves, con una velocidad extraordinaria y prácticamente sin espacio muerto, así que mantener esa energía durante un largometraje siempre iba a ser complicado.

Cuando Coyote vs. Acme se centra en el juicio, en las apariciones de los personajes o en las situaciones puramente visuales, la película tiene una energía estupenda, pero algunos tramos relacionados con la conspiración de Acme repiten información o estiran el misterio más de lo necesario.

No es que la historia deje de interesar, porque precisamente necesitamos un hilo narrativo que conecte todo el caos, pero hay momentos en los que habría agradecido que Green confiara un poco más en la capacidad de los personajes para sostener la película sin necesidad de explicar tanto el mecanismo de la conspiración.

Ese pequeño exceso afecta también al ritmo, especialmente porque después de una secuencia de slapstick brillante resulta inevitable querer que la película mantenga siempre esa misma velocidad.

Lo más bonito es descubrir que debajo de tanto caos hay bastante corazón

Lo que no esperaba es que la relación entre Kevin y el Coyote acabara funcionando también desde un lugar emocional. Ninguno de los dos está exactamente en el mejor momento de su vida y ambos tienen algo en común: son tipos que siguen intentándolo, aunque el mundo les haya dado bastantes razones para rendirse.

En el caso de Wile E. esa característica lleva décadas siendo un chiste, pero la película consigue darle otro significado sin convertirlo en algo excesivamente sentimental. El Coyote persigue algo que probablemente nunca alcanzará y, aun así, cada caída termina seguida por otro plan, otra caja de Acme y otro intento aparentemente imposible.

Ahí hay algo extrañamente bonito en un personaje que lleva toda la vida estampándose contra paredes.

La relación con el Correcaminos también está tratada con mucho cariño, porque la película entiende que después de tantos años ambos forman parte de una especie de ritual compartido. Wile E. necesita perseguirlo y el Correcaminos necesita seguir escapando, pero debajo de esa guerra eterna existe una familiaridad que probablemente solo pueden comprender dos personajes que llevan décadas repitiendo la misma danza.

Coyote vs. Acme demuestra que todavía sabemos qué hacer con los Looney Tunes

Lo mejor que puedo decir de Coyote vs. Acme es que me recordó por qué estos personajes siguen siendo tan divertidos sin intentar convencerme constantemente de que debería quererlos porque forman parte de mi infancia. La película confía en ellos.

Confía en el slapstick, en el absurdo, en la velocidad de los gags y en la capacidad de Wile E. Coyote para hacernos reír incluso cuando sabemos perfectamente cómo va a terminar su siguiente plan. Dave Green y la guionista Samy Burch encuentran una forma bastante inteligente de llevar todo eso a una película contemporánea, utilizando una comedia judicial y una sátira corporativa para construir algo nuevo alrededor de unas reglas cómicas muy antiguas.

Puede que le sobren algunos minutos y que la conspiración de Acme ocupe más espacio del que realmente necesita, pero son defectos bastante pequeños dentro de una película que entiende cómo homenajear a los Looney Tunes sin convertirlos en piezas de museo. Y después de todo lo que ocurrió para que pudiéramos verla, resulta casi perfecto que la historia de Coyote vs. Acme termine pareciéndose tanto a la de su protagonista: alguien recibe un golpe enorme, cae desde una altura imposible, desaparece dentro de una nube de polvo y, justo cuando parecía que todo había terminado, vuelve a levantarse para intentarlo una vez más. Después de verla, me alegro muchísimo de que esta vez el plan funcionara.

YouTube Video

Coyote vs. Acme estuvo a punto de no estrenarse, pero finalmente ha llegado a los cines y demuestra que todavía hay muchísimo partido que sacar a los Looney Tunes. ¿Qué personaje de la franquicia te gustaría volver a ver en una película propia? Síguenos en Google Discover para no perderte nuestras críticas, estrenos y noticias de animación.

Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com

Latest Posts

spot_imgspot_img

No te lo pierdas

Stay in touch

To be updated with all the latest news, offers and special announcements.