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Hadoukens, Shoryukens, Sonic Booms y patadas imposibles saltan del arcade a la gran pantalla. Street Fighter quiere que sus luchadores peleen como en los videojuegos, y sus movimientos especiales pueden convertirse en uno de los grandes atractivos de la película.
Street Fighter lleva décadas pidiendo una adaptación que comprenda algo aparentemente sencillo: no basta con colocar a Ryu una cinta roja en la cabeza o vestir a Chun-Li de azul. Los personajes tienen que moverse, atacar y sentirse como los luchadores con los que llevamos jugando desde los salones recreativos.
La nueva película parece decidida a conseguirlo. Su promoción está poniendo precisamente el foco en los movimientos especiales de los videojuegos, con Hadoukens, patadas giratorias y técnicas reconocibles trasladadas a acción real. Puede parecer un detalle puramente visual, pero para una franquicia construida alrededor de unas animaciones que millones de jugadores reconocen en décimas de segundo, es bastante más importante de lo que parece.
Street Fighter quiere llevar el videojuego directamente al cine
La película está ambientada en 1993, una elección bastante apropiada teniendo en cuenta que hablamos de los años en los que Street Fighter II estaba convirtiéndose en un fenómeno mundial y devorando monedas de cinco duros en los recreativos.
Ryu, interpretado por Andrew Koji, y Ken Masters, al que da vida Noah Centineo, llevan tiempo distanciados cuando Chun-Li (Callina Liang) vuelve a reunirlos para participar en el próximo World Warrior Tournament.
El torneo, naturalmente, esconde bastante más de lo que parece. Tras los combates existe una conspiración que terminará obligando a Ryu y Ken a enfrentarse entre ellos mientras lidian también con los fantasmas de su pasado.
Kitao Sakurai dirige esta nueva Street Fighter con una idea que la propia campaña promocional está dejando bastante clara: llevar el arcade al cine sin avergonzarse de aquello que convirtió al videojuego en un icono.

Los mejores movimientos de Street Fighter que queremos ver
Si hablamos de movimientos inmediatamente reconocibles, resulta imposible empezar por otro que no sea el Hadouken. Ryu y Ken llevan lanzando esta bola de energía desde los primeros juegos y prácticamente se ha convertido en un símbolo de toda la franquicia. A su lado está el Shoryuken, ese puñetazo ascendente capaz de acabar con una ronda en el peor momento posible.
Chun-Li tampoco llega precisamente corta de recursos. Su Hyakuretsukyaku, la ráfaga de patadas conocida popularmente como Lightning Kick, es uno de sus ataques más característicos, mientras que el Spinning Bird Kick debería proporcionar alguna de las imágenes más reconocibles de la luchadora.
Guile, Blanka y compañía tienen ataques imposibles de confundir
Guile tiene dos cartas de presentación perfectas para el cine: el Sonic Boom y el Flash Kick. Cody Rhodes interpreta al militar estadounidense, así que será especialmente interesante comprobar cuánto conserva la película de esa forma de combatir tan defensiva y explosiva de los juegos.
Jason Momoa lo tiene todavía más complicado como Blanka. Entre su Electric Thunder, capaz de electrocutar a cualquiera que se acerque demasiado, y sus ataques rodando por el escenario, llevar al personaje a acción real sin convertirlo en una caricatura va a ser todo un examen para la película.
Dhalsim cuenta con su Yoga Fire y sus extremidades extensibles, mientras que E. Honda puede convertir su Hundred Hand Slap en una auténtica pesadilla para cualquier rival.
Y entonces aparece Zangief.
Del Psycho Crusher al Spinning Piledriver
El gigantesco luchador ruso posee uno de los ataques que más ganas tenemos de ver trasladado al cine: el Spinning Piledriver. Atrapar al rival, elevarse mientras gira y estamparlo contra el suelo siempre ha sido una de esas técnicas que explican perfectamente la exageración deliciosa de Street Fighter.
M. Bison tampoco puede aparecer sin recurrir al Psycho Crusher, probablemente uno de los ataques visualmente más agradecidos para una adaptación cinematográfica.
Akuma juega directamente en otra liga. Su presencia abre la puerta al Shun Goku Satsu, el célebre Raging Demon, una técnica asociada desde hace décadas al lado más oscuro y poderoso de la saga.
A ellos habría que sumar el Spiral Arrow de Cammy, el Flying Barcelona Attack de Vega o los devastadores puñetazos de Balrog. Material no falta.
El gran desafío de Street Fighter
Street Fighter llegará a los cines el 16 de octubre con un reparto que parece diseñado para reproducir una pantalla de selección de personaje: Andrew Koji como Ryu, Noah Centineo como Ken, Callina Liang como Chun-Li, Roman Reigns como Akuma, David Dastmalchian como M. Bison, Cody Rhodes como Guile, Jason Momoa como Blanka y 50 Cent como Balrog, entre muchos otros.

Reproducir un Hadouken es relativamente sencillo con efectos digitales. Conseguir que Ryu lance uno en medio de una pelea y que durante esos dos segundos sintamos que estamos viendo Street Fighter de verdad es otra historia. Si Kitao Sakurai encuentra ese equilibrio entre artes marciales, exageración arcade y personajes reconocibles, esta vez quizá sí tengamos la película que los jugadores llevan esperando desde hace décadas.
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