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Mike Flanagan tiene una misión complicada con El Exorcista: Mártires (The Exorcist: Martyrs), recuperar el prestigio de una franquicia que lleva décadas intentando escapar de la sombra de su primera película. Y parece que el director ha decidido empezar precisamente por ahí, renunciando a uno de los elementos que más asociamos con la obra maestra de William Friedkin.
Después de que El Exorcista: Creyente (2023), dirigida por David Gordon Green, no consiguiera convencer a la crítica, la saga afronta una nueva etapa de la mano de un cineasta que ha demostrado su talento para contar historias inquietantes. Pero Flanagan no quiere limitarse a recuperar los ingredientes que funcionaron hace más de medio siglo. Su intención es encontrar una identidad propia, aunque eso implique tomar decisiones que algunos aficionados podrían considerar casi un sacrilegio.
El Exorcista: Mártires renunciará a la música más famosa de la franquicia
Si hay una melodía capaz de transportarnos inmediatamente al inquietante universo de El Exorcista, esa es Tubular Bells, la célebre composición de Mike Oldfield que quedó asociada para siempre a la película de 1973. Apenas hacen falta unas notas para recordar aquella atmósfera perturbadora que convirtió el clásico de Friedkin en una experiencia cinematográfica difícil de olvidar.
Pues bien, Mike Flanagan ha confirmado que esa composición no aparecerá en El Exorcista: Mártires. Y no se trata de un despiste, una cuestión de derechos musicales ni un intento de provocar a los seguidores más veteranos de la franquicia. Es una decisión creativa completamente deliberada.
Durante una entrevista, el director explicó por qué considera que recuperar Tubular Bells sería un error para su película: «Era algo sobre lo que tenía una postura bastante firme (no incluirla). Sentía que, llegados a ese punto, estaríamos renunciando a parte de nuestra identidad propia por intentar recurrir a aquello… Para mí, Tubular Bells está como conservada en ámbar dentro de la película de Friedkin. Y no me parecía adecuado echar mano de ella».
Su razonamiento tiene bastante sentido. La música de Mike Oldfield no es simplemente una melodía reconocible que pueda colocarse sobre cualquier escena terrorífica para conseguir una reacción inmediata. Forma parte de la personalidad de aquella película y de un momento muy concreto de la historia del cine.
Recuperarla para El Exorcista: Mártires podría resultar efectivo como ejercicio de nostalgia, pero también transmitiría la sensación de que esta nueva entrega necesita apoyarse constantemente en los logros de su predecesora. Y si algo parece tener claro Flanagan es que no quiere dirigir una imitación de William Friedkin.

Una melodía que convirtió lo inocente en algo inquietante
Lo curioso de Tubular Bells es que, escuchada fuera de contexto, su introducción no parece especialmente aterradora. Tiene una cualidad casi infantil, con una melodía de piano aparentemente sencilla que va adquiriendo intensidad conforme avanza la composición. Fue su utilización en El Exorcista lo que terminó por convertirla en uno de los sonidos más reconocibles del cine de terror. Desde entonces, escuchar sus primeras notas puede resultar suficiente para que cualquiera recuerde a Regan y sus desagradables problemas de convivencia demoníaca.
Renunciar a semejante recurso es arriesgado, pero también demuestra que Flanagan prefiere construir su propia atmósfera antes que recurrir a un reconocimiento inmediato. Para conseguirlo contará con The Newton Brothers, compositores con los que ha colaborado habitualmente y que tendrán la oportunidad de aportar una nueva identidad musical a esta historia. Evidentemente, todavía está por ver qué dirección tomará la banda sonora, pero al menos sabemos que no dependerá de repetir una de las composiciones más famosas de la historia del género.
Mike Flanagan quiere hacer la película más aterradora de su carrera
La ausencia de Tubular Bells no será el único cambio importante. Flanagan también quiere replantearse cómo debe funcionar el terror en una época en la que el público está mucho más acostumbrado a las imágenes perturbadoras. El director considera que los espectadores actuales no reaccionan ante El Exorcista de la misma manera que quienes descubrieron la película durante los años setenta. Las posesiones demoníacas, los efectos impactantes y las escenas que entonces parecían insoportables ya forman parte del lenguaje habitual del género.
Por eso, su objetivo con El Exorcista: Mártires es especialmente ambicioso: convertirla en la película más aterradora que haya dirigido hasta ahora. Una declaración considerable viniendo del responsable de La maldición de Hill House, Misa de medianoche y Doctor Sueño.
Un terror donde ni siquiera Dios puede salvarte
Para conseguirlo, Flanagan quiere recuperar una de las ideas más perturbadoras que encontró en la película original: la posibilidad de que el mal exista realmente mientras ninguna fuerza superior aparece para protegernos. Su interpretación del clásico de Friedkin va más allá de las posesiones y los rituales religiosos. Lo verdaderamente inquietante es imaginar un mundo en el que el diablo puede actuar libremente y donde Dios, si existe, no parece dispuesto a intervenir.

Esa sensación de abandono absoluto será una de las grandes claves de su nueva película. En lugar de competir con el original mediante imágenes cada vez más desagradables, Flanagan pretende explorar el miedo que provoca descubrir que quizá nadie acudirá a rescatarnos. Y reconozcámoslo, la perspectiva de enfrentarse a una presencia demoníaca sin posibilidad de solicitar ayuda divina resulta bastante menos tranquilizadora que cualquier crucifijo girando por los aires.
¿Cuándo se estrena El Exorcista: Mártires?
El Exorcista: Mártires tiene previsto su estreno cinematográfico para el 12 de marzo de 2027. La película supondrá una nueva etapa para la franquicia y una oportunidad para comprobar si Mike Flanagan consigue devolverle su capacidad de aterrorizar al público.
Su decisión de prescindir de Tubular Bells representa toda una declaración de intenciones. El director no pretende borrar el legado de William Friedkin, sino respetarlo lo suficiente como para no intentar copiarlo. Después de tantas secuelas y reinicios que han buscado refugio en la nostalgia, quizá lo más interesante sea precisamente que alguien se atreva a dejar atrás sus elementos más reconocibles.
Al fin y al cabo, El Exorcista no se convirtió en un clásico porque sonara una determinada melodía, sino porque consiguió que millones de espectadores sintieran que el mal podía estar esperando al otro lado de la puerta. Flanagan quiere recuperar esa sensación sin repetir los mismos trucos. Y si consigue que volvamos a mirar con desconfianza el pasillo de nuestra casa después de apagar la televisión, habrá cumplido su misión. Aunque esta vez no suene ni una sola nota de Mike Oldfield.
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