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Crítica de Unabomber: Netflix tenía una historia fascinante entre manos, pero se queda a medio camino

Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.com

Unabomber parte de una de esas historias reales que, sobre el papel, parecen tenerlo todo para convertirse en un thriller absorbente: un prodigio matemático que entra en Harvard con solo 16 años, unos experimentos psicológicos profundamente cuestionables, una radicalización progresiva y una investigación del FBI que durante años fue incapaz de poner rostro a uno de los terroristas domésticos más buscados de Estados Unidos. El problema es que la película de Janus Metz intenta abarcar esas dos historias al mismo tiempo y nunca termina de decidir cuál de ellas le interesa realmente contar.

Hay momentos en los que parece que estamos ante un retrato psicológico sobre la juventud de Ted Kaczynski, especialmente cuando Jacob Tremblay entra en contacto con el profesor Henry Murray, interpretado por Russell Crowe. En otros, la película se convierte en un procedural mucho más convencional siguiendo a una agente del FBI interpretada por Shailene Woodley mientras intenta encontrar pistas lingüísticas dentro del manifiesto del Unabomber. Las dos líneas tienen elementos interesantes, pero rara vez se alimentan entre sí con la fuerza necesaria para justificar que compartan película.

La juventud de Ted Kaczynski es la parte más interesante de la película

La decisión más atractiva del guion de Sam Chalsen y Nelson Greaves es comenzar a observar a Kaczynski mucho antes de que se convirtiera en el hombre que terminaría aterrorizando Estados Unidos mediante una campaña de bombas enviada durante años por correo.

En 1958 encontramos a un Ted Kaczynski de apenas 16 años, tremendamente inteligente, socialmente incómodo y claramente poco preparado para desenvolverse dentro de un entorno universitario lleno de estudiantes mayores que él. Jacob Tremblay transmite bastante bien esa sensación de adolescente colocado en un mundo para el que intelectualmente está preparado, pero emocionalmente todavía parece completamente fuera de sitio.

Es entonces cuando aparece Henry Murray, profesor de Harvard y psicólogo implicado en unos controvertidos experimentos destinados a someter a estudiantes a niveles extremos de presión psicológica. Kaczynski participó realmente en esas pruebas, aunque la película adopta una interpretación muy concreta al sugerir que aquellas experiencias pudieron desempeñar un papel importante en su posterior radicalización.

El problema es que esa conexión resulta mucho más contundente dentro de la película que en la realidad documentada. El propio Kaczynski llegó a restar importancia posteriormente al impacto de aquellos experimentos sobre su vida, por lo que conviene entender que Unabomber está dramatizando una posible explicación, no resolviendo definitivamente por qué terminó convirtiéndose en terrorista. Cuando la película permanece en Harvard, esa ambigüedad resulta bastante interesante. Cuando intenta convertirla prácticamente en causa y efecto, pierde mucha fuerza.

Russell Crowe es quien más eleva el material

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Unabomber. Russell Crowe as Henry Murray in Unabomber. Cr. Philippe Bosse/Netflix ©2026

Russell Crowe aparece como la presencia más sólida de todo el reparto. Su Henry Murray combina una aparente cordialidad académica con algo bastante más inquietante que empieza a aparecer poco a poco detrás de cada conversación.

Murray observa a Kaczynski como estudiante, pero también como material de laboratorio. Existe cierta admiración intelectual hacia él, aunque nunca suficiente como para impedir que termine sometiéndolo a un experimento pensado precisamente para desmontar sus convicciones y estudiar cómo responde bajo presión.

Las mejores escenas de la película aparecen cuando ambos personajes pueden enfrentarse intelectualmente, porque ahí Unabomber deja de comportarse como una recreación rutinaria de hechos conocidos y se acerca a algo bastante más perturbador: la idea de un joven extremadamente vulnerable siendo observado por adultos que consideran su sufrimiento una oportunidad científica.

Es una pena que la película no profundice mucho más en esa relación, porque Crowe parece estar interpretando una película con más capas que la que finalmente acaba alrededor suyo.

Jacob Tremblay tiene una tarea prácticamente imposible

Interpretar a Ted Kaczynski con 16 años plantea un problema bastante evidente: la película necesita que veamos a un adolescente brillante, aislado e inseguro sin convertir cada gesto en una señal retrospectiva del monstruo en el que sabemos que terminará convirtiéndose. Jacob Tremblay funciona especialmente bien cuando muestra esa juventud. Su aspecto y su forma de relacionarse con los demás dejan claro que Kaczynski es un muchacho rodeado de adultos que sabe mucho más de matemáticas que de personas.

Sin embargo, cuando el guion empieza a subrayar su deterioro psicológico, la interpretación se vuelve algo más limitada. Hay demasiadas miradas tensas, respuestas abruptas y gestos diseñados para recordarnos constantemente que estamos observando al futuro Unabomber.

La culpa no es únicamente del actor. El guion parece tener miedo de permitir que Kaczynski resulte simplemente difícil de interpretar, por lo que termina acumulando síntomas, señales y momentos destinados a conducir al espectador hacia una explicación concreta. Y precisamente una historia como esta necesitaba lo contrario: más preguntas y menos flechas señalando respuestas.

La investigación del FBI parece pertenecer a otra película

La segunda línea temporal nos lleva hasta 1995, cuando el FBI continúa intentando identificar al hombre que lleva años enviando bombas y publicando textos contra la tecnología y la sociedad industrial. Aquí aparece Shailene Woodley como Joanne Miller, una agente ficticia que empieza a cuestionar el perfil psicológico utilizado por la investigación y considera que el manifiesto de Kaczynski puede contener las pistas necesarias para identificarlo.

Sobre el papel, la idea tiene sentido. Contraponer al joven Ted con los investigadores intentando comprender al hombre en el que se convirtió podía haber creado un diálogo interesante entre ambas épocas. El problema es que esa conexión casi nunca aparece.

La investigación avanza siguiendo pasos muy reconocibles: superiores que no escuchan, compañeros que dudan de la protagonista, documentos llenos de posibles pistas y una investigadora convencida de que está viendo algo que los demás no quieren aceptar.

Woodley intenta darle humanidad al personaje, pero Joanne está demasiado construida alrededor de funciones narrativas. Más que una persona, acaba convirtiéndose en el mecanismo que permite al espectador llegar desde el manifiesto hasta la captura. En cuanto la película salta desde Harvard al FBI, la tensión cae bastante.

Unabomber. Shailene Woodley as Joanne Miller in Unabomber. Cr. Philippe Bosse/Netflix ©2026
Unabomber. Shailene Woodley as Joanne Miller in Unabomber. Cr. Philippe Bosse/Netflix ©2026

Dos historias interesantes que nunca terminan de convertirse en una sola

Ese es probablemente el mayor problema de Unabomber. Janus Metz tiene dos películas potencialmente buenas, pero decide contar las dos al mismo tiempo sin encontrar un vínculo realmente poderoso entre ellas.

La primera podría haber sido un drama psicológico incómodo sobre Harvard, Murray y un adolescente extraordinariamente inteligente sometido a un experimento éticamente indefendible. La segunda podía haberse convertido en un thriller de investigación centrado en la lingüística, el manifiesto y la forma en la que determinados patrones de escritura terminaron contribuyendo a identificar a Kaczynski. Juntas deberían haberse enriquecido mutuamente, pero terminan compitiendo por el tiempo de pantalla.

Cuando empiezas a entrar en las escenas de Harvard, la película salta a los noventa. Cuando la investigación encuentra cierto ritmo, regresamos décadas atrás. El montaje paralelo intenta transmitir que una historia está explicando la otra, pero la conexión resulta demasiado simple para sostener toda la estructura.

Eso provoca algo especialmente problemático para un thriller: sabemos perfectamente hacia dónde vamos y el camino tampoco consigue generar suficiente tensión por sí mismo.

Janus Metz está mucho más contenido que en Andor

Resulta especialmente curioso encontrarse con una película dirigida por Janus Metz justo después del enorme reconocimiento que consiguió con la segunda temporada de Andor. Ayer mismo hablábamos en Cinemascomics de sus declaraciones sobre un posible regreso a Star Wars y sus ganas de dirigir una película de la saga, después de haber firmado algunos de los episodios más celebrados de la serie. Aquí, sin embargo, cuesta encontrar esa misma intensidad.

Metz rueda Unabomber con corrección, construye bien determinados espacios universitarios y consigue que algunos encuentros entre Tremblay y Crowe tengan bastante tensión, pero buena parte del thriller criminal está resuelto con una estética demasiado familiar para cualquiera que haya visto unas cuantas producciones de true crime en streaming.

La fotografía apagada, los despachos llenos de documentos, los interrogatorios y los montajes de investigación cumplen su función, aunque pocas veces dejan una imagen realmente memorable. Eso el algo que sorprende precisamente porque Andor había demostrado hasta qué punto Metz puede generar tensión dejando que una conversación, un silencio o una habitación aparentemente corriente se vuelvan asfixiantes.

El mayor problema está en querer explicar demasiado

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Unabomber. Jacob Tremblay as Ted Kaczynski in Unabomber. Cr. Philippe Bosse/Netflix ©2026

Hay una cuestión más delicada que atraviesa toda la película. Unabomber intenta comprender cómo alguien como Ted Kaczynski termina convirtiéndose en lo que fue, pero existe una diferencia importante entre contextualizar una vida y construir una explicación demasiado cómoda.

La película concede enorme peso a los experimentos de Murray y parece utilizarlos como una especie de momento fundacional para su radicalización. Es una posibilidad dramáticamente potente, pero también una simplificación peligrosa si se presenta con demasiada seguridad.

Kaczynski fue responsable de una campaña de atentados que causó muertos y heridos durante años. Comprender los factores que rodearon su vida puede ser interesante, pero una película como esta necesita muchísimo cuidado para evitar que una cadena de abusos o traumas termine funcionando casi como explicación suficiente de decisiones posteriores. Precisamente por eso habría sido mucho más interesante que Metz abrazara la incertidumbre.

Unabomber funciona cuando deja de intentar resolver a Kaczynski

Los mejores momentos aparecen cuando la película observa y no explica. Cuando vemos al joven Ted en Harvard sin saber exactamente qué está ocurriendo dentro de él, cuando Murray utiliza su inteligencia como una vía para manipularlo o cuando la investigación intenta extraer una identidad de las palabras escritas en un manifiesto. Ahí existe una película mucho más inquietante.

Pero Unabomber insiste demasiado en unir los puntos y termina ofreciendo una lectura más simple de lo que debería. El resultado no es aburrido, porque la historia real mantiene suficiente interés y Russell Crowe consigue elevar prácticamente cada escena en la que aparece, pero tampoco alcanza la intensidad que cabía esperar de semejante material.

Dentro de los estrenos de streaming de esta semana, sigue siendo una propuesta interesante para quienes disfrutan del true crime y de los thrillers basados en hechos reales, aunque difícilmente será una de esas películas que permanezcan en la cabeza mucho tiempo después de terminarla.

Unabomber tenía los ingredientes para convertirse en un thriller psicológico mucho más incómodo y complejo de lo que finalmente ofrece. Janus Metz encuentra momentos interesantes cuando se concentra en Harvard, Jacob Tremblay consigue transmitir la fragilidad del joven Kaczynski y Russell Crowe domina sus escenas, pero la necesidad de combinar ese retrato con una investigación demasiado rutinaria termina diluyendo la película. No es un desastre ni mucho menos, pero sí deja la sensación de que detrás de esta versión había una historia bastante mejor esperando a ser contada.

En Cinemascomics puedes consultar también nuestro especial con todos los estrenos de streaming de la semana y la noticia sobre Janus Metz y su posible regreso a Star Wars. Además, puedes seguir Cinemascomics en Google Discover para recibir directamente nuestras críticas, noticias y recomendaciones en tu feed.

Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com

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