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Crítica de Verity: Anne Hathaway y Dakota Johnson sostienen un thriller retorcido que podría haber sido mucho más salvaje

Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.com

Hay películas que funcionan mejor cuando uno acepta muy pronto que no está entrando en un thriller especialmente sutil, sino en una historia que disfruta haciéndote sospechar de todo el mundo mientras te encierra en una casa preciosa con demasiados secretos. Verity pertenece exactamente a esa clase de cine. La adaptación de la novela de Colleen Hoover tiene sexo, culpa, manipulación, maternidad torcida, manuscritos imposibles de ignorar y tres protagonistas que pasan buena parte de la película intentando convencerte de que son personas razonables mientras cada nueva escena te da un motivo para desconfiar de ellas.

Michael Showalter dirige esta adaptación protagonizada por Dakota Johnson, Anne Hathaway y Josh Hartnett, y la primera sensación que deja es bastante clara: el reparto entiende perfectamente qué tipo de juego está jugando, incluso cuando la película no siempre sabe hasta dónde quiere llevarlo. Verity tiene momentos realmente entretenidos, una atmósfera venenosa que funciona muy bien y un trío protagonista con suficiente carisma para mantenerte pendiente, aunque también da la impresión de contenerse justo cuando debería lanzarse sin miedo hacia el melodrama, el terror psicológico y la locura.

Una casa demasiado bonita para esconder algo bueno

La historia sigue a Lowen Ashleigh, una escritora que todavía no ha conseguido hacerse un nombre y que recibe una oportunidad profesional difícil de rechazar: continuar bajo anonimato la exitosa saga literaria de Verity Crawford, una autora superventas que ha quedado incapacitada después de un grave accidente.

Lowen termina instalándose temporalmente en la enorme casa donde vive Verity junto a su marido, Jeremy. Lo que debía ser un trabajo relativamente sencillo se complica cuando comienza a investigar los archivos de la autora y encuentra un manuscrito autobiográfico que describe pensamientos, comportamientos y acontecimientos familiares suficientemente perturbadores como para cambiar por completo la imagen que cualquiera tendría de ella.

A partir de ahí, Verity juega constantemente con una idea bastante sencilla pero efectiva: ¿qué parte de lo que estamos viendo merece ser creída? El manuscrito puede ser una confesión, una fantasía literaria, una manipulación o algo todavía más incómodo, mientras Lowen intenta decidir si Verity es realmente la mujer que esas páginas describen.

La película entiende bien que la duda es mucho más interesante que una respuesta inmediata, de modo que durante buena parte del metraje consigue mantenerte observando cada mirada, cada movimiento aparentemente accidental y cada silencio buscando una pista que confirme una teoría.

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Dakota Johnson encuentra un personaje que aprovecha muy bien su aparente fragilidad

Dakota Johnson carga con buena parte de la película y funciona precisamente porque Lowen nunca parece una protagonista completamente preparada para el lugar en el que se ha metido. Hay algo vulnerable en ella, una combinación de inseguridad, dolor y deseo de demostrar que puede estar a la altura profesionalmente que hace muy fácil entender por qué termina aceptando situaciones que desde fuera deberían activar todas las alarmas.

Johnson tiene además una cualidad que Verity aprovecha especialmente bien: puede parecer frágil sin resultar ingenua. Lowen observa constantemente a quienes la rodean, procesa la información y empieza a tomar decisiones cada vez más cuestionables, de manera que la película consigue que también dudemos de ella cuando la historia empieza a complicarse.

Ese equilibrio resulta importante porque Verity no funcionaría si Lowen fuera únicamente la pobre escritora atrapada en la mansión de una mujer peligrosa. La película necesita que exista algo menos inocente debajo, una ambición y una capacidad de autoengaño que vayan creciendo al mismo tiempo que su fascinación por la vida de Verity.

Johnson transmite muy bien esa transformación sin convertirla en un cambio brusco. Cuanto más tiempo pasa en esa casa, más empieza a parecer que no solo está investigando la vida de otra mujer, sino imaginando cómo sería ocupar su lugar.

Anne Hathaway prácticamente convierte la inmovilidad en una amenaza

Anne Hathaway tiene probablemente el papel más curioso del reparto porque durante gran parte de la película Verity Crawford apenas puede moverse o hablar. Eso obliga a la actriz a trabajar desde una posición extremadamente limitada, utilizando miradas, pequeños movimientos y la incertidumbre constante sobre cuánto comprende realmente su personaje.

La película sabe explotar esa presencia. Verity puede estar simplemente sentada en una habitación y conseguir que una escena tenga más tensión que otras construidas alrededor de grandes revelaciones. Hay momentos en los que basta con preguntarse si Lowen acaba de ver realmente algo moverse para que toda la casa vuelva a convertirse en un espacio peligroso.

Hathaway juega además con la imagen que tenemos de ella como estrella. Verity es famosa, elegante y aparentemente perfecta antes del accidente, por lo que verla reducida a una presencia silenciosa genera una sensación extraña que la película utiliza conscientemente. Los flashbacks permiten recuperar a la mujer que existía antes mientras el presente nos obliga a mirar una versión completamente distinta, dejando al espectador atrapado entre ambas.

Cuando el guion finalmente le permite mostrar más cartas, Hathaway se divierte bastante con un personaje construido alrededor de la imposibilidad de saber dónde termina la realidad y dónde empieza la interpretación.

Josh Hartnett convierte al marido perfecto en otro motivo para desconfiar

Josh Hartnett y Anne Hathaway en Verity
Josh Hartnett y Anne Hathaway en Verity

Jeremy podría haber sido el elemento más simple de la historia: el marido atractivo, sensible y devastado por todo lo que ha sucedido a su familia. Por suerte, Josh Hartnett entiende que en una película como esta parecer demasiado perfecto es prácticamente una señal de alarma.

Su interpretación trabaja constantemente sobre esa duda. Hay escenas donde Jeremy parece sinceramente destruido por la situación, otras donde su cercanía con Lowen resulta comprensible y algunas en las que una simple reacción basta para preguntarse si estamos viendo a un hombre vulnerable o a alguien que sabe exactamente cómo quiere ser percibido.

Hartnett está especialmente cómodo interpretando personajes que parecen normales hasta que empiezas a observarlos demasiado tiempo, y Verity aprovecha esa cualidad bastante bien. La atracción entre Jeremy y Lowen es inevitable desde el comienzo, pero la película consigue que esa relación nunca termine de sentirse completamente segura.

El problema es que determinados códigos del thriller hacen que algunas sospechas aparezcan demasiado pronto, y cuando una historia quiere que desconfiemos de prácticamente todos sus personajes, el espectador acaba aprendiendo rápidamente a buscar la trampa.

Verity funciona mejor cuando acepta que es un thriller descaradamente retorcido

Una de las cosas que más me ha gustado de Verity es precisamente que durante buena parte del metraje parece disfrutar de su condición de thriller ligeramente exagerado. Hay manuscritos secretos, una mansión aislada, pasillos oscuros, miradas sospechosas, atracción prohibida y algunos sustos muy bien colocados.

El problema aparece cuando la película intenta mantener un tono demasiado respetable alrededor de materiales que probablemente habrían funcionado mejor si Showalter hubiera abrazado completamente el exceso. Hay sexo, violencia, maternidad convertida en pesadilla y personajes capaces de cometer cosas terribles, pero la dirección mantiene casi siempre todo dentro de un registro muy controlado.

Eso provoca una sensación curiosa: Verity tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de esos thrillers que hacen que salgas del cine discutiendo escenas absurdas con tus amigos, pero a veces parece tener miedo de resultar demasiado vulgar, demasiado melodramática o demasiado excesiva. Y aquí precisamente el exceso habría sido una virtud.

La primera mitad engancha más que sus grandes revelaciones

dakota johnson Verity

El tramo que mejor funciona es el descubrimiento progresivo de la historia de Verity. Lowen leyendo el manuscrito mientras nosotros vemos fragmentos del pasado genera una dinámica bastante efectiva, porque cada nuevo detalle modifica lo que pensamos de los personajes.

La película consigue durante un buen rato algo esencial: que quieras seguir leyendo junto a ella. Sin embargo, cuando llega el momento de empezar a resolver el misterio, las piezas no producen siempre el impacto esperado. Algunas revelaciones pueden anticiparse con bastante antelación, mientras otras dependen de coincidencias o decisiones que exigen aceptar demasiado fácilmente la lógica interna de la historia.

No creo que eso destruya la película, porque el camino sigue siendo entretenido, pero sí evita que el último acto alcance la potencia que prometían los primeros setenta minutos. Cuando una historia ha pasado tanto tiempo diciéndote que todo puede ser una mentira, necesita que el desenlace encuentre una forma realmente poderosa de utilizar esa incertidumbre.

Verity tiene respuestas, giros y ambigüedad, pero no todos producen la sensación de haber llegado a algo verdaderamente revelador.

Una película diseñada para salir del cine discutiendo quién miente

Lo más divertido probablemente llegue después de los créditos, cuando empiezas a reconstruir determinadas escenas y discutir qué versión de los acontecimientos resulta más creíble. La película sabe perfectamente que esa conversación forma parte de la experiencia y construye a los tres protagonistas para que ninguno pueda reclamar una autoridad moral absoluta.

Lowen no es completamente inocente, Jeremy tiene demasiadas zonas oscuras y Verity está diseñada precisamente para hacer imposible separar con facilidad víctima, autora y manipuladora. Eso permite que Verity sobreviva a algunas de sus debilidades estructurales. Puede que determinados giros no sean tan sorprendentes como deberían, pero el reparto consigue que sigamos pensando en las intenciones de los personajes mucho después de conocerlos.

La película no necesita que encontremos una persona completamente buena, sino que decidamos cuál de todas las versiones estamos dispuestos a creer.

Verity tenía potencial para ser mucho más salvaje

Hay una película todavía mejor escondida dentro de Verity. Una versión que hubiera abrazado con mayor fuerza el erotismo, el terror y el melodrama probablemente habría convertido determinadas escenas en momentos mucho más memorables, porque el material pide exceso constantemente.

Michael Showalter mantiene el conjunto bajo control y eso hace que la película sea elegante, fácil de seguir y visualmente atractiva, especialmente gracias a esa enorme casa convertida casi en otro personaje. Sin embargo, también provoca que algunos momentos que deberían incomodar de verdad terminen quedándose en una amenaza relativamente suave.

La banda sonora ayuda bastante a generar tensión y hay varios cortes y sustos que funcionan, pero nunca aparece esa sensación de peligro descontrolado que habría llevado el thriller a otro nivel.

verity fotograma

Anne Hathaway y Dakota Johnson son la verdadera razón para entrar en el juego

Al final, Verity funciona fundamentalmente porque Dakota Johnson y Anne Hathaway saben exactamente cuánto enseñar y cuánto esconder. Johnson sostiene el punto de vista del espectador sin convertir a Lowen en una víctima pasiva, mientras Hathaway consigue ser inquietante incluso cuando apenas dispone de movimiento para construir el personaje.

Josh Hartnett completa muy bien ese triángulo aportando una ambigüedad constante que impide que la película se convierta simplemente en una batalla entre dos mujeres alrededor de un hombre. Los tres entienden que Verity no consiste únicamente en descubrir quién miente, sino en observar cómo cada personaje construye una versión de sí mismo suficientemente convincente como para manipular a los demás. Ahí está probablemente lo mejor de la adaptación: todo el mundo interpreta incluso cuando aparentemente está diciendo la verdad.

Verity funciona mejor cuando deja de intentar parecer más elegante de lo que es

Verity es uno de esos thrillers que se disfrutan más cuando uno entra dispuesto a dejarse manipular. Tiene una primera mitad muy efectiva, un reparto perfectamente elegido y una atmósfera que convierte una casa de ensueño en un lugar cada vez más desagradable, aunque sus grandes revelaciones no terminan de estar a la altura de todo lo que había preparado.

Me habría gustado una película más descarada, más oscura y bastante menos preocupada por mantener la compostura, porque la historia pedía a gritos abrazar el melodrama y llevar sus obsesiones hasta un terreno mucho más incómodo. Aun así, cuando tienes a Anne Hathaway jugando a ser completamente indescifrable, Dakota Johnson construyendo una protagonista cada vez menos inocente y Josh Hartnett haciendo que hasta una conversación aparentemente sincera parezca sospechosa, es difícil aburrirse del todo.

Verity funciona mejor cuando acepta su naturaleza de thriller retorcido y deja que sus personajes jueguen con la percepción del espectador. En Cinemascomics seguiremos repasando los grandes estrenos de octubre y todo lo que rodea a sus protagonistas. También puedes seguir Cinemascomics en Google Discover.

Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com

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