A los 19 años, Benicio Gravier decidió dar un golpe de timón. Lejos de acomodarse en la zona de confort que le brindaba su apellido, se presentó al casting de Margarita, la secuela de Floricienta producida por Cris Morena y emitida por Max. Sin embargo, el camino hacia el papel no estuvo libre de prejuicios, empezando por la propia producción. Según reveló el joven, la mismísima Cris Morena dudaba de convocarlo al saber quiénes eran sus padres: «Sabía que éramos familia de deportistas… y dijo ‘no lo llamemos porque es un hijo más que hace full deporte y me va a caer con el brazo roto'», explicó entrevistado por Tatiana Schapiro para Infobae.
Pese a las dudas iniciales, Benicio no solo consiguió el papel tras un intensivo entrenamiento en el taller de la productora, sino que se negó a pedir la ayuda de su familia. «Si yo le pedía a mi mamá o a mi papá que llamaran, perdía», sentenció. Respecto a las críticas y prejuicios en redes sociales o en las audiciones por ser «el hijo de», Gravier asegura no darles entidad: «Yo sé el sacrificio que hice y sé por qué estoy acá. Si alguien piensa que estoy acomodado, en la pasarela o frente a la cámara tenés que pisar fuerte y demostrar lo que valés». Para ello, conserva intacto el consejo que le dio su madre en el mundo del modelaje: «Si en el momento no estás confiado y no destruís la pasarela, no sirve».
Cómo son mamá y papá
Al descorrer el velo de la fama, la dinámica de los Gravier-Mazza revela momentos desopilantes y cotidianos. En la casa familiar, la supermodelo internacional se transforma en la directora de orquestas del hogar. «Mamá es el orden y va por toda la casa gritando ‘¡vamos, vamos!’ para que lleguemos a tiempo», confesó entre risas. No obstante, Valeria también deja ver su lado más sensible: Benicio reveló que recientemente se emocionó hasta las lágrimas al ver sus escenas dramáticas en la pantalla. En contraste con la imagen impecable de las alfombras rojas, los fines de semana transcurren entre «yoguineta, rodete y helado viendo una película».
Por su parte, Alejandro Gravier fue calificado sin piedad como el más intenso de la familia en los canales digitales. «En el grupo de WhatsApp de la familia es insoportable, se la pasa todo el día mandando mensajes y links de diseños de casas que nadie quiere ver», mandó al frente a su padre. Además, lo definió junto a su hermano Tiziano como el gran «chamullero» de la casa, capaz de ponerse a hablar con cualquier desconocido en la fila de un aeropuerto.

Del llanto reprimido en el deporte al ataque a su hermano
La vida de Benicio ha estado atravesada por intensas presiones y decisiones complejas. Durante años se volcó al alto rendimiento en el tenis y el esquí profesional, actividades que le brindaron disciplina pero también una coraza emocional dura de romper. «A los 12 o 13 años, en el tenis, si tenías una lágrima te la tenías que guardar porque estabas en la mitad del partido y tenías que ganar. No era momento para llorar», explicó sobre la dificultad de abrirse a la actuación. A los 19 años decidió abandonar el esquí por los brutales sacrificios que exigía, admitiendo el temor inicial que sintió al comunicárselo a sus padres por todo el esfuerzo económico y personal que habían invertido en él.
Entre las anécdotas insólitas y los momentos amargos, Benicio recordó la frustración de haber conocido a figuras históricas como Lionel Messi y Diego Maradona (quien incluso asistió al casamiento de sus padres) pero no tener ninguna foto con el astro rosarino. Sin embargo, el trago más amargo que le tocó atravesar a la familia fue la brutal agresión física que sufrió su hermano Tiziano a la salida de un boliche. «Fue un momento muy feo. Durante semanas me quedé pensando si volvía a ir de fiesta. Quedás en un estado ‘extra vigilante’ a la noche, pero aprendés a cuidarte». En el ámbito personal, también reconoció haberse mandado sus propias macanas, como el día que chocó el auto familiar y temió la reacción de sus padres, quienes finalmente lo contuvieron.




