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Las riendas de los títulos protagonizados por los equipos Azul y Oro de La Patrulla-X quedaban bajo los designios de sus dibujantes, más Jim Lee que Whilce Portacio, cuyos argumentos cobraron peso mientras John Byrne, Scott Lobdell y Fabian Nicieza ponían los diálogos. Panini Cómics pasa la página de una nueva etapa mutante, ya sin su Patriarca manejando el timón.
La orientación al futuro y al pasado
La marcha de Chris Claremont de las colecciones mutantes relacionadas con la Patrulla-X sorprendió a propios y extraños. Lo hizo por todo lo alto, con aquellos primeros tres números de X-Men que devolvían a Magneto a su condición de villano, mientras el Profesor-X volvía a dirigir la Escuela que llevaba su nombre.
Ahora llegaba el turno del relevo, uno que se producía tras dieciséis años de con de trol del denominado Patriarca Mutante. Y lejos de lo habitual, la responsabilidad de dirigir el rumbo de la Patrulla-X recayó sobre los dibujantes de las dos cabeceras, la clásica Uncanny y a nueva X-Men a secas. Lee y Portacio elaborarían los argumentos, aunque el peso de Jim superaría al de Whilce. Para los diálogos tuvieron que contar con guionistas más o menos contrastados, empezando por John Byrne.
La mirada se dirigió sobre todo a una nueva amenaza, Los Arribistas, entre los que podíamos encontrar a personajes de nuevo cuño, como Trevor Fitzroy, un villano que había viajado desde un futuro lejano a nuestro presente, acompañado de más proscritos que huían de esa época.
Esto nos permitió conocer a un policía de esa época muy ligado al mito mutante, nada más y nada menos que a Bishop, que resultaría un terremoto en más de un sentido para el equipo Oro, que le pregunten a Tormenta. Por la otra parte, el equipo Azul desviaría su mirada al pasado de Lobezno, tanto para presentarnos a Rojo Omega como enemigo como para descubrir un equipo de operaciones del que Logan era parte activa, junto a Dientes de Sable y otro nuevo descubrimiento, Rebelde.

El guerrero fan
Pero centremos un poco el tiro en el nuevo miembro de La patrulla-X, Bishop. Su llegada no la llevó a cabo en solitario, vino acompañado de dos compañeros del cuerpo, Malcolm y Randall, los cuales no corrieron buena fortuna en aquellos tiempos.
Bishop quedó atrapado en nuestra era y terminó por aceptar que la devoción por sus mitos no se correspondía exactamente con la realidad. Pero eso no dejaba pasar la oportunidad de aprender que sus héroes eran mucho más de lo que tenía asimilado. Y de rebote contaba con una opción que nunca había contemplado antes, la de afectar a su propio futuro cambiando las reglas desde el pasado, para que no se repitiese la xenofobia por la que había tenido que pasar en su tiempo, una que le marcaba la cara con una letra M que le cubría por encima de su ojo derecho.
Justo en medio de esa trama La Patrulla-X respondió a una amenaza desatada sobre territorios en disputa entre la Unión Soviética y Japón, lo que permitió generar una epopeya en la que Coloso recuperaba a su hermano Mikhail, un cosmonauta de la época dorada de la carrera espacial soviética que había desaparecido.
Su incorporación dio posteriormente mucho juego a las colecciones mutantes… como villano. También se incluye en este tomo el crossover entre X-Men y el Motorista Fantasma que amplió un poco lo que conocíamos del entorno de Gambito en Nueva Orleans, al tiempo que se tienen que enfrentar a una nueva amenaza del Nido, la raza de eslizoides que tanto nos recuerda a los xenomorfos de Alien.
Shattershot

El tomo se completa en su parte final con cuatro Annuals de las principales cabeceras mutantes del momento, las dos de La Patrulla-X más X-Factor y X-Force. La relación entre ellos pasa por tener un denominador común, Mojo, ese dictador de un universo centrado en el entretenimiento televisado que cuenta con Longshot como uno de sus habitantes más destacados.
El añorado miembro de la formación tendrá cierto papel protagonista, como lo ha venido advirtiendo por su presencia en las páginas de las colecciones del grupo, acompañado por Dazzler y Lila Cheney, en una trama que no se resolverá hasta el siguiente volumen de estos Marvel Gold.
El guión y el dibujo de los Annuals se reparte entre una serie de autores que estaban dando algunos de sus primeros pasos en la editorial, como Dan Slott, Jae Lee o Stuart Immonen, por citar algunos ejemplos. El peso de la trama principal recae en Nicieza, autor de las cuatro historias centrales.
El tomo se completa con diversas ilustraciones, muchas de ellas extraídas del Marvel Suimsuit Special #1 de 1992, portadas americanas de los recopilatorios de esta etapa en trade paperback y artículos. En resumen, unos episodios que marcan un cambio de rumbo complejo y rodeado de muchas novedades que toca asimilar por parte de los lectores, Jim Lee y Whilce Portacio daban un giro de ciento ochenta grados que añadió no solo a Bishop al entorno mutante.
Este volumen recoge uno de esos momentos en los que una franquicia cambia de manos y empieza a construir una identidad completamente distinta sin romper del tod con lo anterior.
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